Aprende a contar historias

El arte de conquistar es algo casi tan antiguo como el mismo mundo. Da igual el propósito, la finalidad o el objetivo. Cuando tenemos que llevar a nuestro lado equipos de personas para involucrarles en nuestro proyecto debemos ser capaces de conquistar los sentidos y el alma de las personas para que quieran formar parte de nuestro proyecto.

Para algunos con la incentivación económica es mas que posible que sea suficiente, pero tarde o temprano si jugamos con fuego, con el nos quemaremos, o lo que es lo mismo, si la variable precio es la moneda de transacción y convencimiento para con nuestros equipos, por el mismo motivo que vienen se irán también con el mejor postor, sino somos capaces de activar otros insights mas vinculantes.

storytelling

 

Querer que un cliente compre nuestro producto, querer tener a los mejores colaboradores en nuestro equipo es una especie de melodía de seducción donde la atracción es un circulo cerrado que debemos ser capaces de sostentar y alimentar. Empezando por la personalización, por el interés y beneficio común, por ese extraño sentido que el ser humano quiere y desea de ser parte de algo, de pertenecer a algo que se convierta en importante. Sopesar esta idea tan simple provocara absentismo y una fidelidad hacia la causa de ámbito mecánico. “lo hago porque me pagan”, o simplemente se realiza una transacción económica por tiempo.

La utilidad es importante al igual que la oportunidad. Hay que saber leer las señales para actuar en el momento correcto, pero siempre siendo personas para personas y no objetos de deseo que ahora uso y luego tiro a la basura. La durabilidad de una relación se basa en una contraprestacion de reciprocidad donde la consistencia de un beneficio común e individual coexistan.

No es cuestión de contar cuentos, es cuestión de hacer protagonista de la historia a nuestra audiencia, a nuestros equipos y que ellos conjuntamente con nosotros sientan viva la sensación de lo que estamos manifestando como algo suyo también.

El comienzo del emprendedor

Words - Ideas

Todo en esta vida esta sujeto a la variable tiempo que marca el comienzo y final de cualquier acto, comportamiento o decisión tomada.

Un emprendedor es un ser hecho de un ADN especial. Su punto de partida es la idea de negocio que quiere convertir en una realidad. Lamentablemente, a pesar de que haya muchos emprendedores, son pocos los que verdaderamente alcanzan la plenitud porque no nos engañemos, los resultados mandan y la falta de los mismos genera frustración y sensación de fracaso.

Nuestra idea puede ser innovadora, original, única (al menos durante un momento de tiempo) pero ponerla en marcha, va mas allá de tener un espíritu emprendedor. Tenemos que ser como el alpinista escalando el Everest. Ante de empezar nuestro camino, debemos fijar los contenidos y pasos que tenemos que realizar para materializa la idea en un proyecto empresarial. Una de las palabras claves se denomina planificación, estrategia. Definir el como, el cuando, a quien y de que forma es vital antes de empezar a andar.

Muchas veces una buena idea ha muerto antes de empezar o al poco de comenzar por la falta de planificación. Ser inteligente no significa ser el mas listo o el mas sabio, sino ser el mas adaptativo y dinámico para ser capaz de moldear esa idea genial y darle los matices necesarios ante los competidores y mercados tan agresivos en los que cualquier negocio tiene que desenvolverse.

Hacer realidad las metas

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Que bien nos quedamos cuando convertimos una ilusión o sueño en una realidad. Esos segundos de placer son comparables al contemplar el mundo desde la cima del Everest. La motivación es una fuerza motriz que nos llena de energía, pero que lamentablemente tiene una duración escasa. Potenciar y alargar esa fuerza motriz es cuestión de generar y crear hábitos saludables para la materialización de objetivos.

Normalmente cuando nos proponemos alguna meta, el paso inmediato a condensarla en nuestra mente, es el vernos ya en la meta pendiente de ser alcanzada. Automáticamente proyectamos esa ilusión y deseo inicial es una materialización que todavía no se ha puesto ni siquiera en práctica. La reflexión posterior de ver lo que implica hacerla real es como un agujero negro en el que caemos y en el cual solo unos pocos son capaces de remontar y ponerse en marcha para andar el camino.

Mantener un estado emocional continuo no es fácil. Los ímpetus iniciales decaen exponencialmente con el paso de los días. Ante esta tesitura no queda más remedio que aferrarse al elemento o elementos que nos han provocado la necesidad y que inicialmente fue el motor de arranque. Mantenerlo activo y vivo es cuestión de crearse un habito repetitivo y continuado, donde como si fuesen etapas intermedias, vamos aproximándonos, vamos consiguiendo hitos intermedios y seguimos avanzando fortalecidos hacia la meta final.

No disponer de una secuencia de hitos consecuentes y alcanzables en etapas provoca frustración por lo apuntado al inicio, es decir, desde que afrontamos el quiero hasta que lo convertimos en realidad tangible perdemos el foco y la perspectiva del estado intermedio que es la senda en el desierto en la que vamos a andar. Hay que estar mentalizado para el reto que se quiere acometer y llevar de la mano las herramientas propias para no decaer en nuestro empeño. Hay que perderle el miedo al propio miedo, ese que nos bloquea o aun peor ese que nos da confort y tranquilidad como balanza que se inclina en contra de la acción y que es el principal freno hacia la consecución de cualquier meta.